1819-23 A un año del paso del huracán María

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20 de septiembre de 2018

Circular 1819-23

A TODA LA COMUNIDAD
Escuela de Derecho

Vivian I. Neptune Rivera
Decana

A UN AÑO DEL PASO DEL HURACÁN MARÍA

A un año del paso del Huracán María reflexionamos sobre los retos que a nivel individual y colectivo enfrentamos durante y después del mismo. Miembros de nuestra Comunidad sufrieron la pérdida no solo de bienes materiales incluyendo sus hogares, pero también de seres queridos que vieron sus vidas trastocadas por la falta de servicios esenciales y la incapacidad de respuesta inmediata de las autoridades pertinentes. Algunos se vieron forzados a dejar sus hogares, lugares de estudio y trabajos. Unos regresaron. Otros, no han podido retomar la tan anhelada normalidad. Y es que no hay normalidad posible cuando se trastocan los cimientos mismos de la vida en comunidad. Sin embargo, fue esa misma comunidad la que unida por lazos de solidaridad devolvió la esperanza a los que veían sus reclamos ignorados; a los que no tenían agua ni alimentos ni efectivo para sus necesidades esenciales; a los que vieron destrozados de un día para otro, los cimientos del futuro que trazaban.

En la Escuela de Derecho tras el paso del huracán ese 20 de septiembre de 2017 y una vez pudimos comunicarnos entre nosotros y presentarnos al Recinto, la solidaridad se impuso. Voluntarios, egresados, estudiantes, empleados y facultad colaboraron en la limpieza y rehabilitación. Fue la tenacidad y determinación de todos y todas lo que hizo posible que recibiéramos a nuestros empleados y estudiantes para sesiones de orientación y posteriormente habilitar en varias sesiones, mesas y estaciones de apoyo. A su vez, se estableció el Fondo de Emergencia Huracán María gracias al Fideicomiso para la Escuela de Derecho, al cual muchos donaron, desde monedas hasta miles de dólares y del cual muchos se beneficiaron.

Es esa generosidad y resiliencia la que el 11 de octubre de 2017 me movió a escribir una columna titulada: UPR: de solidaridad y esperanza, en la que concluí indicando “Es con esa fuerza y solidaridad, con el dolor ajeno, que nos levantaremos, reconstruiremos y lo más importante: reverdeceremos.” Y así ha sido. Nuestro Recinto y nuestra Escuela están de pie. Nuestro programa académico y proyectos de servicio han crecido y solidificado su vinculación con las necesidades apremiantes de Puerto Rico. De esa experiencia traumática y estremecedora hemos resurgido con más compromiso y convicción. Del dolor y la pérdida pasamos a la acción.

Agradezco a cada uno de ustedes y a los que ya no están con nosotros, por haber hecho posible nuestra recuperación. El reto hacia el futuro consiste en continuar construyendo sobre esa base de solidaridad, sin olvidar lo vivido y exigir que el proyecto educativo más importante de Puerto Rico, que es esta Universidad, continúe siendo accesible para quienes tienen el derecho a aspirar a una educación de primera y devolverle al País el rumbo olvidado.

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