{"id":4124,"date":"2024-12-12T20:46:25","date_gmt":"2024-12-12T20:46:25","guid":{"rendered":"https:\/\/derecho.uprrp.edu\/inrev\/?p=4124"},"modified":"2024-12-12T22:13:18","modified_gmt":"2024-12-12T22:13:18","slug":"neuroimagenes-como-evidencia-de-inimputabilidad-en-juicios-penales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/derecho.uprrp.edu\/inrev\/2024\/12\/12\/neuroimagenes-como-evidencia-de-inimputabilidad-en-juicios-penales\/","title":{"rendered":"Neuroim\u00e1genes como evidencia de inimputabilidad en juicios penales"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-4127 aligncenter\" src=\"https:\/\/derecho.uprrp.edu\/inrev\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2024\/12\/Screenshot-2024-12-12-at-5.59.15\u202fPM-300x300.jpeg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/derecho.uprrp.edu\/inrev\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2024\/12\/Screenshot-2024-12-12-at-5.59.15\u202fPM-300x300.jpeg 300w, https:\/\/derecho.uprrp.edu\/inrev\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2024\/12\/Screenshot-2024-12-12-at-5.59.15\u202fPM-150x150.jpeg 150w, https:\/\/derecho.uprrp.edu\/inrev\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2024\/12\/Screenshot-2024-12-12-at-5.59.15\u202fPM.jpeg 794w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: center\">Por: Jos\u00e9 A. Molinelli Gonz\u00e1lez<\/p>\n<p><strong>I. El Derecho Penal y la inimputabilidad por incapacidad mental en Puerto Rico<\/strong><\/p>\n<p>El andamiaje sociopol\u00edtico de toda sociedad se fundamenta en la imposici\u00f3n de normas comportamentales a todos sus integrantes, seguida de la fiscalizaci\u00f3n de su cumplimiento por parte del Estado. Este ejercita su funci\u00f3n revisora asignando recompensas a la obediencia y sanciones a la desobediencia de los constituyentes. En ocasiones, esto ocurre tras la celebraci\u00f3n de un proceso judicial. Muchas jurisdicciones llevan a cabo estas adjudicaciones dentro del marco de sistemas caracterizados por una metodolog\u00eda causal penal muy propia de la escuela cl\u00e1sica de criminolog\u00eda de Cesare Beccaria.<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><sup>[1]<\/sup><\/a> La escuela cl\u00e1sica de criminolog\u00eda se caracteriza por definir el crimen en funci\u00f3n de la ley, enfatizar la voluntad, plantear que el castigo tiene un efecto disuasorio y enfocarse en el crimen, en lugar de enfocarse en el criminal.<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\"><sup>[2]<\/sup><\/a><\/p>\n<p>Nutrido por esta l\u00ednea doctrinal, el art\u00edculo 22 del C\u00f3digo Penal de Puerto Rico menciona los elementos subjetivos de los delitos, detalla que el autor de un delito ha de proceder con prop\u00f3sito, conocimiento, temeridad o negligencia.<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\"><sup>[3]<\/sup><\/a> Sobre el prop\u00f3sito, el art\u00edculo aclara que supone la actuaci\u00f3n con el objetivo consciente de producir un resultado tipificado como delito o creyendo que cierta circunstancia existe.<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\"><sup>[4]<\/sup><\/a> Con relaci\u00f3n al conocimiento, menciona que, quien act\u00faa con este estado mental, opera \u201cconsciente de que la producci\u00f3n del resultado es una consecuencia pr\u00e1cticamente segura de su conducta\u201d o \u201cconsciente de que la existencia de una circunstancia es pr\u00e1cticamente segura\u201d.<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\"><sup>[5]<\/sup><\/a> Este art\u00edculo expone tambi\u00e9n que la persona que act\u00faa temerariamente es la que \u201cest\u00e1 consciente de que su conducta genera un riesgo sustancial e injustificado de que se produzca el resultado o la circunstancia prohibida por ley\u201d.<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\"><sup>[6]<\/sup><\/a> Dispone que \u201cuna persona act\u00faa negligentemente cuando debi\u00f3 haber sabido que su conducta genera un riesgo sustancial e injustificado de que se produzca el resultado lesivo o la circunstancia prohibida por la ley\u201d.<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\"><sup>[7]<\/sup><\/a> Por \u00faltimo, a\u00f1ade que \u201cel riesgo debe ser de tal grado que[,] considerando la naturaleza y el prop\u00f3sito de la conducta y las circunstancias conocidas por el actor, la acci\u00f3n u omisi\u00f3n de la persona constituye una desviaci\u00f3n crasa del est\u00e1ndar de cuidado que observar\u00eda una persona razonable\u201d.<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\"><sup>[8]<\/sup><\/a><\/p>\n<p>En el art\u00edculo 23, el C\u00f3digo Penal establece que los hechos sancionados en los delitos tipificados requieren que se act\u00fae a prop\u00f3sito, con conocimiento o temerariamente, salvo que se indique que es suficiente actuar negligentemente.<a href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\"><sup>[9]<\/sup><\/a> Esto abre la puerta para la inimputabilidad de aquellos que no cumplan con tales requisitos espec\u00edficamente por las causas de minoridad, incapacidad mental o trastorno mental transitorio.<a href=\"#_ftn10\" name=\"_ftnref10\"><sup>[10]<\/sup><\/a> En cuanto a la incapacidad mental, el C\u00f3digo dispone que \u201c[n]o es imputable quien al momento del hecho, a causa de enfermedad o defecto mental, carece de capacidad suficiente para comprender la criminalidad del acto o para conducirse de acuerdo con el mandato de ley\u201d.<a href=\"#_ftn11\" name=\"_ftnref11\"><sup>[11]<\/sup><\/a> El art\u00edculo a\u00f1ade que \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0esta alegada incapacidad deber\u00e1 ser evidenciada por el imputado.<a href=\"#_ftn12\" name=\"_ftnref12\"><sup>[12]<\/sup><\/a> Sobre la causa de trastorno mental transitorio, el C\u00f3digo se\u00f1ala que \u201c[n]o es imputable quien al momento del hecho se halle en el estado mental transitorio, que le impida tener capacidad suficiente para comprender la criminalidad del acto o para conducirse de acuerdo con el mandato de ley\u201d.<a href=\"#_ftn13\" name=\"_ftnref13\"><sup>[13]<\/sup><\/a> \u00a0Por lo tanto, aunque la defensa de incapacidad mental no prospere, podr\u00eda representar un factor importante y considerable para atenuar la pena que enfrenta una persona. El art\u00edculo 65 (e) se considera la condici\u00f3n mental como un atenuante a la pena por la comisi\u00f3n de un delito y, de manera similar, las Reglas de Procedimiento Criminal contemplan las condiciones mentales como atenuantes.<a href=\"#_ftn14\" name=\"_ftnref14\"><sup>[14]<\/sup><\/a><\/p>\n<p>Por otra parte, la Regla 73 de Procedimiento Criminal expone los efectos de la alegaci\u00f3n de no culpabilidad y permite la presentaci\u00f3n de evidencia para establecer una defensa.<a href=\"#_ftn15\" name=\"_ftnref15\"><sup>[15]<\/sup><\/a> La Regla 74 presenta un proceso particular para hacer esta alegaci\u00f3n mediante notificaci\u00f3n de defensa por incapacidad mental o coartada.<a href=\"#_ftn16\" name=\"_ftnref16\"><sup>[16]<\/sup><\/a> En tales casos, el acusado debe suministrarle al Ministerio P\u00fablico los testigos con los que propone establecer la defensa, la direcci\u00f3n de dichos testigos, los documentos a ser utilizados para sostener la defensa, el hospital en el que estuvo recibiendo tratamiento y los m\u00e9dicos que lo atendieron con relaci\u00f3n a su incapacidad mental o condici\u00f3n de trastorno mental transitorio.<a href=\"#_ftn17\" name=\"_ftnref17\"><sup>[17]<\/sup><\/a> El Tribunal Supremo de Puerto Rico reconoci\u00f3 en <em>Pueblo v. Cotto Garc\u00eda<\/em> que \u201cla falta de prueba documental que evidencie un historial de insanidad mental, previo al hecho imputado, no provoca que se descarte la posibilidad de levantar la defensa de insanidad mental, al amparo de la Regla 74 de Procedimiento Criminal\u201d.<a href=\"#_ftn18\" name=\"_ftnref18\"><sup>[18]<\/sup><\/a><\/p>\n<p>Por otra parte, el Tribunal reconoci\u00f3 en <em>Pueblo v. Marcano P\u00e9rez<\/em> que el criterio de inimputabilidad no exige una carencia total de capacidad mental, sino que basta con que dicha carencia sea de \u00edndole suficiente o sustancial.<a href=\"#_ftn19\" name=\"_ftnref19\"><sup>[19]<\/sup><\/a> Finalmente, en <em>Pueblo v. Col\u00f3n Morales<\/em> se estableci\u00f3 que la evidencia documental para comprobar insanidad ha de ser persuasiva y sustancial para lograr establecerla m\u00e1s all\u00e1 de duda razonable.<a href=\"#_ftn20\" name=\"_ftnref20\"><sup>[20]<\/sup><\/a> No es extra\u00f1o pensar sobre la evidente discreci\u00f3n que estos criterios estatutarios y jurisprudenciales depositan en la percepci\u00f3n de jurados y jueces. Es por su potencial para comprobar la afectaci\u00f3n mental necesaria para la imputabilidad que en la encomienda persuasiva que realiza el abogado litigante mediante la presentaci\u00f3n de documentos y peritos, el desarrollo hist\u00f3rico de la neurociencia puede encontrar un nicho en el derecho penal.<\/p>\n<p><strong>\u00a0II. <\/strong><strong>La neurociencia y el condicionamiento al comportamiento humano <\/strong><\/p>\n<p>El cerebro representa un 2% del peso corporal del humano adulto y alberga cerca de cien mil millones de conexiones neurales.<a href=\"#_ftn21\" name=\"_ftnref21\"><sup>[21]<\/sup><\/a> Si bien desde el antiguo Egipto se vislumbraba la idea de una correlaci\u00f3n entre el m\u00fasculo que conocemos como el cerebro y el comportamiento humano, su articulaci\u00f3n en occidente se dar\u00eda por medio del anatomista greco-romano Galeno, llevando a la eventual discusi\u00f3n de la dicotom\u00eda cuerpo-mente por parte del fil\u00f3sofo Ren\u00e9 Descartes.<a href=\"#_ftn22\" name=\"_ftnref22\"><sup>[22]<\/sup><\/a> Los descubrimientos neuroanat\u00f3micos sucedieron en el siglo XVII, cuando el m\u00e9dico Thomas Willis, de nacionalidad inglesa, desarroll\u00f3 la idea del cerebro como el asiento biol\u00f3gico del comportamiento humano.<a href=\"#_ftn23\" name=\"_ftnref23\"><sup>[23]<\/sup><\/a> La siguiente gran innovaci\u00f3n en el estudio de este campo sucedi\u00f3 cuando ya era conocida en esferas acad\u00e9micas la <em>neurolog\u00eda<\/em>. En el siglo XVIII, el cient\u00edfico italiano Luigi Galvani, descubri\u00f3 la electricidad animal, identificando la naturaleza el\u00e9ctrica de la transmisi\u00f3n nerviosa.<a href=\"#_ftn24\" name=\"_ftnref24\"><sup>[24]<\/sup><\/a><\/p>\n<p>El sistema nervioso humano incluye el sistema nervioso central, compuesto por el cerebro y la m\u00e9dula espinal, y el sistema nervioso perif\u00e9rico, que est\u00e1 integrado por los nervios, ganglios y receptores sensoriales que se exceden del sistema nervioso central.<a href=\"#_ftn25\" name=\"_ftnref25\"><sup>[25]<\/sup><\/a> Generalmente, el sistema perif\u00e9rico remite los mandatos del sistema central y le transmite a este la data sensorial que el humano recibe por medio de los sentidos.<a href=\"#_ftn26\" name=\"_ftnref26\"><sup>[26]<\/sup><\/a> Por ende, el sistema perif\u00e9rico funge como el interpretador y formulador de esquemas neurol\u00f3gicos de los cuales surgen emociones, reacciones y est\u00edmulos.<a href=\"#_ftn27\" name=\"_ftnref27\"><sup>[27]<\/sup><\/a> Diversos estudios sobre estos enlaces demuestran que los efectos al sistema nervioso usualmente se manifiestan en s\u00edntomas comportamentales.<a href=\"#_ftn28\" name=\"_ftnref28\"><sup>[28]<\/sup><\/a> Al examinar la funci\u00f3n fundamental de controlar y regular la mayor\u00eda de las funciones del cuerpo, desde las voluntarias hasta las involuntarias, se entiende que existe campo suficiente para concluir que un evidenciado efecto neural puede explicar cierta conducta il\u00edcita.<a href=\"#_ftn29\" name=\"_ftnref29\"><sup>[29]<\/sup><\/a> Por lo tanto, no deber\u00eda ignorarse la necesidad l\u00f3gica de establecer un enlace causal entre el efecto y la conducta, lo cual ha demostrado ser uno de los retos m\u00e1s grandes de los defensores de la neuroevidencia.<\/p>\n<p><strong>III. Evidencia de afectaci\u00f3n neural y las neuroim\u00e1genes<\/strong><\/p>\n<p>Luego de considerar este reto, es menester resaltar que, aunque existen elementos visuales que facilitan apreciar los efectos de da\u00f1os cerebrales, estos no necesariamente indican lo preciso para concluir una correlaci\u00f3n f\u00e1ctica. Relacionado a esto, podemos observar el caso de Phineas Gage, un trabajador de ferrocarriles a finales del siglo XIX que sufri\u00f3 un accidente laboral que le priv\u00f3 de parte de su cerebro y result\u00f3 en la alteraci\u00f3n de su personalidad.<a href=\"#_ftn30\" name=\"_ftnref30\"><sup>[30]<\/sup><\/a> Por otra parte, el caso de Charles Whitman es un ejemplo en el que un accidente tr\u00e1gico provoc\u00f3 un trauma cerebral que no se descubri\u00f3 a tiempo y luego se manifest\u00f3 en el asesinato temerario de muchos civiles en Texas.<a href=\"#_ftn31\" name=\"_ftnref31\"><sup>[31]<\/sup><\/a> Mientras que el primer caso no result\u00f3 en actos violentos de la persona herida, el segundo s\u00ed. Si bien se reconoce que la afectaci\u00f3n cerebral est\u00e1 correlacionada con alteraciones comportamentales, particularmente en lo que concierne a las regiones del cerebro, por el momento, no existen datos sobre cu\u00e1les son aquellos enlaces neurales espec\u00edficos que, al ser afectados, causan conducta violenta. El hecho de que no se haya podido establecer una topograf\u00eda conductual del cerebro en la neurolog\u00eda, no imposibilita el descubrimiento de neuroevidencia que pueda relacionar un comportamiento delictivo con una afectaci\u00f3n particular.<a href=\"#_ftn32\" name=\"_ftnref32\"><sup>[32]<\/sup><\/a> No obstante, existen datos por medio de casos comparativos que nos permiten aseverar experiencias de personas que han pasado por circunstancias en las cuales se ha afectado su sistema nervioso central.<a href=\"#_ftn33\" name=\"_ftnref33\"><sup>[33]<\/sup><\/a> Esto da lugar a establecer causalidades razonables en circunstancias que permitan atar a la persona evaluada con el colectivo que sirve de variable anal\u00edtica.<a href=\"#_ftn34\" name=\"_ftnref34\"><sup>[34]<\/sup><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Como ha resultado ser de suma importancia identificar los enlaces neurales como parte de la actividad cerebral, el uso de las neuroim\u00e1genes deber\u00eda tener mayor relevancia en las aulas jur\u00eddicas. Kulynych define las neuroim\u00e1genes como representaciones generadas mediante el uso de radiograf\u00edas y electrograf\u00edas computarizadas que permiten evaluar la estructura y funci\u00f3n de los enlaces neurales cerebrales.<a href=\"#_ftn35\" name=\"_ftnref35\"><sup>[35]<\/sup><\/a> Se sugiere adem\u00e1s que es un concepto representativo de una variedad de t\u00e9cnicas administradas por profesionales m\u00e9dicos y cient\u00edficos que han evolucionado desde el uso m\u00e1s rudimentario de rayos X hasta las im\u00e1genes por resonancia magn\u00e9tica funcional m\u00e1s actualizadas (MRI, por sus siglas en ingl\u00e9s).<a href=\"#_ftn36\" name=\"_ftnref36\"><sup>[36]<\/sup><\/a> La evaluaci\u00f3n mediante neuroim\u00e1genes de quienes alegan padecer de ciertas condiciones llev\u00f3 a la construcci\u00f3n de una serie de enlaces causales cient\u00edficos que aseveran la relaci\u00f3n entre\u00a0 afectaciones neurol\u00f3gicas y conducta, abriendo la puerta para el uso evidenciario de neuroim\u00e1genes en juicios.<a href=\"#_ftn37\" name=\"_ftnref37\"><sup>[37]<\/sup><\/a><\/p>\n<p><strong>IV. Las neuroim\u00e1genes en los juicios penales<\/strong><\/p>\n<p>En el 1981, el estadounidense John Hinckley trat\u00f3 de asesinar al presidente Ronald Reagan.<a href=\"#_ftn38\" name=\"_ftnref38\"><sup>[38]<\/sup><\/a> Tras su captura y procesamiento penal, este aleg\u00f3 no culpabilidad en virtud de insanidad mental.<a href=\"#_ftn39\" name=\"_ftnref39\"><sup>[39]<\/sup><\/a> Su defensa, utilizando tomograf\u00edas computarizadas, logr\u00f3 acertar su incapacidad mental en virtud de una afectaci\u00f3n esquizofr\u00e9nica.<a href=\"#_ftn40\" name=\"_ftnref40\"><sup>[40]<\/sup><\/a> Otro caso particular es el de <em>People v. Weinstein<\/em>, donde el acusado mat\u00f3 a su esposa y eventualmente confes\u00f3 al ser confrontado por la polic\u00eda el asesinato.<a href=\"#_ftn41\" name=\"_ftnref41\"><sup>[41]<\/sup><\/a> Su defensa utiliz\u00f3 la neuroimagen <em>Positron Emission Tomography <\/em>(PET, por sus siglas en ingl\u00e9s) y el <em>Skin Conductance Response<\/em> (SCR, por sus siglas en ingl\u00e9s) para evidenciar lesiones en el l\u00f3bulo frontal causadas por un quiste aracnoideo.<a href=\"#_ftn42\" name=\"_ftnref42\"><sup>[42]<\/sup><\/a> En este caso, el juez Carruthers admiti\u00f3 la evidencia debido a que los PET y los SCR se consideraban herramientas diagn\u00f3sticas psiqui\u00e1tricamente v\u00e1lidas.<a href=\"#_ftn43\" name=\"_ftnref43\"><sup>[43]<\/sup><\/a> Finalmente, en el caso de <em>Roper v. Simmons<\/em>, el joven Christopher Simmons planific\u00f3 y llev\u00f3 a cabo el asesinato de la joven Shirley Crook, lo cual llev\u00f3 a que fuera procesado como adulto y sentenciado a muerte.<a href=\"#_ftn44\" name=\"_ftnref44\"><sup>[44]<\/sup><\/a> Los peritos de la defensa argumentaron que los j\u00f3venes son m\u00e1s inmaduros y susceptibles a influencias externas como la presi\u00f3n grupal.<a href=\"#_ftn45\" name=\"_ftnref45\"><sup>[45]<\/sup><\/a> Relacionado a este argumento, en la opini\u00f3n se discuten las interpretaciones del Estado sobre la neurolog\u00eda de menores.<a href=\"#_ftn46\" name=\"_ftnref46\"><sup>[46]<\/sup><\/a> Posterior a este caso, la Corte Suprema de los Estados Unidos determin\u00f3 que los menores no pueden ser condenados a pena de muerte debido a la diferencia sustancial entre los estados mentales de los menores en comparaci\u00f3n con los de los adultos.<a href=\"#_ftn47\" name=\"_ftnref47\"><sup>[47]<\/sup><\/a> En su opini\u00f3n mayoritaria, el juez Kennedy dijo: \u201cWhen a juvenile offender commits a heinous crime, the State can exact forfeiture of some of the most basic liberties, but the State cannot extinguish his life and his potential to attain a mature understanding of his humanity\u201d.<a href=\"#_ftn48\" name=\"_ftnref48\"><sup>[48]<\/sup><\/a>\u00a0 A la luz de esto, se evidencia el potencial que tienen las neuroim\u00e1genes como fuentes \u00fatiles para ejemplificar las divergencias neurol\u00f3gicas que pudieran conducir a una defensa por incapacidad mental criminal, retando as\u00ed el criterio rector de la presencia de <em>mens rea<\/em> en la comisi\u00f3n de un delito por v\u00eda de la comprobaci\u00f3n de una afectaci\u00f3n decisiva conductual. No obstante, esto no representa su infalibilidad como pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p><strong>V. Hacia una neuroevidencia m\u00e1s confiable<\/strong><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>La Regla 109 (b) de las Reglas de Evidencia de Puerto Rico establece que la admisibilidad de la evidencia est\u00e1 sujeta a la discreci\u00f3n del Tribunal, siguiendo los criterios de pertinencia condicionada a los hechos.<a href=\"#_ftn49\" name=\"_ftnref49\"><sup>[49]<\/sup><\/a> Por su parte, la Regla 110 (a) tambi\u00e9n nos dice que el peso de la prueba recae sobre la parte que resultar\u00eda vencida de esta no presentarse.<a href=\"#_ftn50\" name=\"_ftnref50\"><sup>[50]<\/sup><\/a> Adem\u00e1s, la Regla 201 establece que los jueces pueden tomar conocimiento judicial sobre hechos adjudicativos,<a href=\"#_ftn51\" name=\"_ftnref51\"><sup>[51]<\/sup><\/a> a lo cual pudi\u00e9ramos a\u00f1adir el estado de conocimiento de una materia como la neurociencia, cuyos avances son irrefutables. No obstante, aunque puede ser f\u00e1cil presentar neuroim\u00e1genes como evidencia, no lo es asegurar su valor probatorio ni causalidad con la conducta que se busca declarar como inimputable.<\/p>\n<p>Para establecer el valor probatorio de la materia utilizada, puede utilizarse el testimonio pericial.<a href=\"#_ftn52\" name=\"_ftnref52\"><sup>[52]<\/sup><\/a> La Regla 702 de Evidencia establece lo concerniente a los testimonios periciales con conocimiento especial sobre el asunto.<a href=\"#_ftn53\" name=\"_ftnref53\"><sup>[53]<\/sup><\/a> Se establece en la esta que el valor probatorio del testimonio pericial depende de que est\u00e9 basado en hechos e informaci\u00f3n suficiente, si es producto de principios y m\u00e9todos confiables, si estos fueron aplicados por el perito, si han sido aceptados por la comunidad cient\u00edfica, las calificaciones del testigo y la parcialidad del perito.<a href=\"#_ftn54\" name=\"_ftnref54\"><sup>[54]<\/sup><\/a> Cuando se pretenda invocar y reforzar la defensa de incapacidad mental de la persona acusada mediante la participaci\u00f3n de un perito, es preferible que el perito sea uno que haya trabajado de manera cercana a la producci\u00f3n, an\u00e1lisis y diagn\u00f3stico de la neuroimagen.<a href=\"#_ftn55\" name=\"_ftnref55\"><sup>[55]<\/sup><\/a> No hay un requisito de educaci\u00f3n formal para ser perito, pero, generalmente, en Estados Unidos, los neur\u00f3logos pueden ocupar ese asiento y as\u00ed aumentar el valor probatorio.<a href=\"#_ftn56\" name=\"_ftnref56\"><sup>[56]<\/sup><\/a> Por otra parte, estos han de tener la capacidad suficiente para discutir la funcionalidad del m\u00e9todo, como tambi\u00e9n los posibles vicios t\u00e9cnicos que este pudiera tener.<a href=\"#_ftn57\" name=\"_ftnref57\"><sup>[57]<\/sup><\/a><\/p>\n<p>En cuanto a las neuroim\u00e1genes en s\u00ed, existe la necesidad de remediar ciertos fallos caracter\u00edsticos de su uso. Por ejemplo, que las neuroim\u00e1genes presentadas contengan colores llamativos, puede tener un efecto persuasivo indebido sobre el juzgador, al acentuar ciertas anomal\u00edas formativas con pigmentos socialmente correlacionados a negatividad y peligro, como puede ser el color rojo.<a href=\"#_ftn58\" name=\"_ftnref58\"><sup>[58]<\/sup><\/a> Otro factor que debe tomarse en consideraci\u00f3n es la presencia del texto diagn\u00f3stico, el cual pudiera viciar la imagen mucho antes de la explicaci\u00f3n que el perito pudiese dar sobre lo que ha concluido a ser una afectaci\u00f3n neuroconductual. En estos sentidos, \u201c[a]unque la mayor\u00eda de la evidencia de la neurociencia es admitida durante la etapa investigativa, las neuroim\u00e1genes se han permitido durante la etapa adjudicativa, particularmente para argumentar la dificultad de llegar al requisito de <em>mens rea<\/em> o para levantar la defensa de insanidad mental\u201d.<a href=\"#_ftn59\" name=\"_ftnref59\"><sup>[59]<\/sup><\/a> Aun as\u00ed, \u201cusar evidencia cient\u00edfica para hacer la determinaci\u00f3n de un acusado como inocente o culpable levanta cuestionamientos sobre su confiabilidad\u201d.<a href=\"#_ftn60\" name=\"_ftnref60\"><sup>[60]<\/sup><\/a><\/p>\n<p>Ante la complejidad de las neuroim\u00e1genes y el riesgo de que el jurado sea persuadido indebidamente por abogados que se aprovechen de la complejidad tem\u00e1tica para establecer correlaciones dudosas, se ha propuesto la utilizaci\u00f3n de lo que se ha denominado como <em>instrucci\u00f3n de cautela al jurado<\/em>.<a href=\"#_ftn61\" name=\"_ftnref61\"><sup>[61]<\/sup><\/a> A trav\u00e9s de este sistema, una vez el juez accede a admitir al perito como testigo sobre la neuroimagen, se le ofrece al jurado una instrucci\u00f3n cautelosa para reducir el riesgo de prejuicio.<a href=\"#_ftn62\" name=\"_ftnref62\"><sup>[62]<\/sup><\/a> Una posible resistencia a este tipo de iniciativa pudiese emanar de una visi\u00f3n de que la intromisi\u00f3n pedag\u00f3gica influencia un juicio imparcial y justo, ya que la fiscal\u00eda pudiera verla como un argumento a favor de la evidencia presentada por la defensa que busca la inimputabilidad de su cliente. Por otra parte, dicho perjuicio pudiese ser igualmente invocado frente a un jurado desconocedor del tema. A ra\u00edz de la complejidad de la materia y los riesgos atados a ella, es esencial tomar medidas previas a la presentaci\u00f3n de la neuroevidencia para as\u00ed hacer un balance entre la persuasi\u00f3n aceptada y el perjuicio indebido.<\/p>\n<p><strong>Conclusi\u00f3n <\/strong><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>La expansi\u00f3n en la neurociencia promover\u00e1 mayor conocimiento para lograr establecer una topograf\u00eda confiable de las dimensiones conductuales del sistema nervioso central. Estos avances permitir\u00e1n que haya mejor comprensi\u00f3n para manejar c\u00f3mo una alteraci\u00f3n de este tipo puede conducir a un tipo de comportamiento particular en juicio. Con ello, se podr\u00e1n implementar est\u00e1ndares uniformes dirigidos a la admisibilidad y el valor probatorio de la evidencia neural. Por el momento, nos atenemos a un an\u00e1lisis caso a caso que busca respetar las subjetividades de los hechos y las partes. Considero que el sistema legal debe atender con premura regulaciones procesales que consoliden un entendimiento pleno y confiable para afrontar las defensas de aquellas personas que no tienen control sobre su voluntad. A la luz de lo anterior, hago un llamado a desanclarnos del enfoque punitivo o retribucionista y enfocarnos en un sistema que ostente medios de rehabilitaci\u00f3n, pues solo as\u00ed se puede articular un enlace razonable entre la exenci\u00f3n de responsabilidad que el sistema da a quien necesita apoyo neuropsiqui\u00e1trico, y el objetivo sistem\u00e1tico de que los desenlaces conductuales negativos al orden social sean evitados por v\u00eda de atenci\u00f3n estatal apropiada. La norma concede lo que deber\u00eda ser la regla.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><\/a>* Profesor conferenciante de Ciencias Pol\u00edticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Interamericana de Puerto Rico, Universidad de Sagrado Coraz\u00f3n y Universidad Ana G. M\u00e9ndez. Actualmente es candidato al grado del LLM en la Universidad de Bologna, Italia. Posee un Juris Doctor de la Universidad Interamericana de Puerto Rico, una maestr\u00eda en Gobernanza, Desarrollo y Pol\u00edtica P\u00fablica de la Universidad de Sussex, Reino Unido y un bachillerato en Ciencias Pol\u00edticas de la Universidad de Puerto Rico en el Recinto de R\u00edo Piedras.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/derecho.uprrp.edu\/inrev\/2024\/11\/28\/la-perpetuacion-de-impericia-medica-a-traves-de-las-aseguradoras-medicas\/\">[1]<\/a> Philip Jenkins, <em>Varieties of Enlightenment Criminology, <\/em>24 BRIT. J. CRIMINOL. 112, 114 (1984).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> Clarence Ray Jeffery, <em>The Historical Development of Criminology<\/em>, 50 J. CRIM. L. &amp; CRIMINOL. 3, 4 (1959).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> C\u00d3D. PEN. PR art. 22, 33 LPRA \u00a7 5035 (2021 &amp; Supl. 2022).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> <em>Id.<\/em><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a> <em>Id.<\/em><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a> <em>Id.<\/em><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\">[7]<\/a> <em>Id.<\/em><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\">[8]<\/a> <em>Id.<\/em><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\">[9]<\/a> <em>Id.<\/em> \u00a7 5036.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref10\" name=\"_ftn10\">[10]<\/a> <em>Id.<\/em> \u00a7 5061.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref11\" name=\"_ftn11\">[11]<\/a> <em>Id.<\/em> \u00a7 5063.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref12\" name=\"_ftn12\">[12]<\/a> <em>Id.<\/em><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref13\" name=\"_ftn13\">[13]<\/a> <em>Id.<\/em> \u00a7 5064.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref14\" name=\"_ftn14\">[14]<\/a> 33 LPRA \u00a7 5098 (2021 &amp; Supl. 2022); R.P. CRIM. 171 , 34 LPRA Ap. II, R. 171 (2016 &amp; Supl. 2022).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref15\" name=\"_ftn15\">[15]<\/a> 34 LPRA Ap. II, R. 73.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref16\" name=\"_ftn16\">[16]<\/a> <em>Id.<\/em> R. 74.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref17\" name=\"_ftn17\">[17]<\/a> <em>Id.<\/em><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref18\" name=\"_ftn18\">[18]<\/a> Pueblo v. Cotto Garc\u00eda, 205 DPR 237, 262-63 (2020).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref19\" name=\"_ftn19\">[19]<\/a> Pueblo v. Marcano P\u00e9rez, 116 DPR 917, 926-27 (1986) (<em>citando a<\/em> Dora Nevares-Mu\u00f1iz, DERECHO PENAL PUERTORRIQUE\u00d1O: PARTE GENERAL 235-245 (1983).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref20\" name=\"_ftn20\">[20]<\/a> Pueblo v. Col\u00f3n Morales, 100 DPR 40, 44 (1971).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref21\" name=\"_ftn21\">[21]<\/a> Marcus E. Raichle &amp; Debra A. Gusnard, <em>Appraising the brain\u2019s energy budget<\/em>, 99 PROC. NAT\u2019L. ACAD. SCIS. U.S.A. 10237 (2002); Bente Pakkenberg &amp; Hans Jorgen Gundersen, <em>Neocortical neuron number in humans: Effect of sex and age<\/em>, J COMP NEUROL<em>., <\/em>312, 314-15, 318 (1997).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref22\" name=\"_ftn22\">[22]<\/a> Jonathan Westphal, <em>Descartes and the Discovery of the Mind-Body Problem<\/em>, THE MIT PRESS READER (8 de agosto de 2019), https:\/\/thereader.mitpress.mit.edu\/discovery-mind-body-problem\/; \u00a0Fernando Mart\u00ednez &amp; Decuadro-S\u00e1enz, <em>Claudio Galeno y los ventr\u00edculos cerebrales.<\/em> <em>Parte I, los antecedentes<\/em>, 19 NEUROCIRUG\u00cdA 58, 61 (2008).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref23\" name=\"_ftn23\">[23]<\/a> Omar Campohermoso-Rodr\u00edguez et al., <em>Tomas Willis, neuroanatomista y padre de la neurolog\u00eda, <\/em>60(2) REVISTA CUADERNOS 74, 75 (2019).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref24\" name=\"_ftn24\">[24]<\/a> Alfredo de Micheli-Serra, <em>Recordando a Luigi Galvani en el bicentenario de su muerte,<\/em> 135 GAC. M\u00c9D. M\u00c9X. 323, 325 (1999).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref25\" name=\"_ftn25\">[25]<\/a> <em>Id. <\/em>en la p\u00e1g. 133.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref26\" name=\"_ftn26\">[26]<\/a> <em>Id.<\/em><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref27\" name=\"_ftn27\">[27]<\/a> <em>Id. <\/em><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref28\" name=\"_ftn28\">[28]<\/a> Araujo Cuauro, <em>supra<\/em> nota 25, en la p\u00e1g. 133; CIGNA, <em>Problemas del Sistema nervioso,<\/em> https:\/\/www.cigna.com\/es-us\/knowledge-center\/hw\/temas-de-salud\/problemas-del-sistema-nervioso-nersp (\u00faltima visita 27 de octubre de 2024).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref29\" name=\"_ftn29\">[29]<\/a> Jos\u00e9 L. Ayuso Guti\u00e9rrez, <em>Biolog\u00eda de la conducta agresiva y su tratamiento, <\/em>22 REVISTA SALUD MENTAL 29, 29-30 (1999).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref30\" name=\"_ftn30\">[30]<\/a> KEITH OATLEY, OUR MINDS, OUR SELVES: A BRIEF HISTORY OF PSYCHOLOGY 26-27 (2018).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref31\" name=\"_ftn31\">[31]<\/a> John W. Renfrew, <em>Algunas consideraciones sobre la intervenci\u00f3n en la agresi\u00f3n en relaci\u00f3n con sus bases biol\u00f3gicas, 5 <\/em>PSICOPATOLOG\u00cdA CL\u00cdNICA, LEGAL Y FORENSE 127, 128 (2005).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref32\" name=\"_ftn32\">[32]<\/a> <em>V\u00e9ase<\/em> Teneille Brown &amp; Emily Murphy, <em>Through a Scanner Darkly: Functional Neuroimaging as Evidence of a Criminal Defendant\u2019s Past Mental States<\/em>, 62 STAN. L. REV. 1119, 1131-32 (2010).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref33\" name=\"_ftn33\">[33]<\/a> <em>Id.<\/em> en las p\u00e1gs. 1122-25.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref34\" name=\"_ftn34\">[34]<\/a> Deborah W. Denno, <em>Neuroscience and the Personalization of Criminal Law<\/em>, 86 U. CHI. L. REV. 359, 376 (2019).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref35\" name=\"_ftn35\">[35]<\/a> Jennifer Kulynych, <em>Psychiatric Neuroimaging Evidence: A High-Tech Crystal Ball?,<\/em> 49 STAN. L. REV. 1249, 1255 (1997).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref36\" name=\"_ftn36\">[36]<\/a> <em>Id. <\/em>en las p\u00e1gs. 1255-56.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref37\" name=\"_ftn37\">[37]<\/a> <em>Id. <\/em>en las p\u00e1gs. 1249-50.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref38\" name=\"_ftn38\">[38]<\/a> Eryn Brown &amp; Knowable Magazine, <em>Is \u201cNeurolaw\u201d Coming Soon to a Courtroom Near You,<\/em> SCIENTIFIC AMERICAN (7 de septiembre de 2019), https:\/\/www.scientificamerican.com\/article\/is-neurolaw-coming-soon-to-a-courtroom-near-you\/.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref39\" name=\"_ftn39\">[39]<\/a> <em>Id. <\/em><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref40\" name=\"_ftn40\">[40]<\/a> <em>Id.<\/em><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref41\" name=\"_ftn41\">[41]<\/a> People v. Weinstein, 156 Misc.2d 34, 35 (1992); Kevin A. Davis, <em>The brain defense: murder in Manhattan and the dawn of neuroscience in America&#8217;s courtrooms<\/em>, WELLCOME COLLECTION, https:\/\/wellcomecollection.org\/works\/e3qz3wr2 (\u00faltima visita 20 de octubre de 2024).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref42\" name=\"_ftn42\">[42]<\/a><em> Weinstein<\/em>, 156 Misc.2d en las p\u00e1gs. 35-36.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref43\" name=\"_ftn43\">[43]<\/a> <em>Id<\/em>.en las p\u00e1gs. 43-45.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref44\" name=\"_ftn44\">[44]<\/a> Roper v. Simmons, 543 U.S. 551, 556-557 (2005).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref45\" name=\"_ftn45\">[45]<\/a> <em>Id.<\/em> en la p\u00e1g. 569.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref46\" name=\"_ftn46\">[46]<\/a> <em>Id.<\/em> en las p\u00e1gs. 559-64.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref47\" name=\"_ftn47\">[47]<\/a> <em>Id.<\/em> en las p\u00e1gs. 570; 572-75.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref48\" name=\"_ftn48\">[48]<\/a> <em>Id.<\/em> en las p\u00e1gs. 573-74.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref49\" name=\"_ftn49\">[49]<\/a> R. EVID. 109, 32 LPRA AP. VI, R. 109 (2021 &amp; Supl. 2022).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref50\" name=\"_ftn50\">[50]<\/a> <em>Id.<\/em> R.110.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref51\" name=\"_ftn51\">[51]<\/a> <em>Id.<\/em> R. 201.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref52\" name=\"_ftn52\">[52]<\/a> <em>Id. <\/em>R. 702.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref53\" name=\"_ftn53\">[53]<\/a> <em>Id.<\/em><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref54\" name=\"_ftn54\">[54]<\/a><em> Id.<\/em><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref55\" name=\"_ftn55\">[55]<\/a> Edgardo Rivera Garc\u00eda, <em>El Valor del Testimonio Pericial en los Procesos Judiciales<\/em>, 47 REV. JUR. UIPR. 87, 104-05 (2012).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref56\" name=\"_ftn56\">[56]<\/a> <em>Id.<\/em> en la p\u00e1g. 100.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref57\" name=\"_ftn57\">[57]<\/a> 32 LPRA AP. IV, R. 703.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref58\" name=\"_ftn58\">[58]<\/a> <em>V\u00e9ase<\/em> Jennifer A. Chandler, <em>The use of neuroscientific evidence in Canadian criminal proceedings,<\/em> J. LAW BIOSCI., 550, 558 (2015).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref59\" name=\"_ftn59\">[59]<\/a> E. Spencer Compton, <em>Not Guilty by reason of Neuroimaging: The need for Cautionary Jury Instruction for Neuroscience Evidence in Criminal Trials<\/em>, 12 VAND. J. ENT. &amp; TECH. L. 12 333, 342 (2010) (traducci\u00f3n suplida).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref60\" name=\"_ftn60\">[60]<\/a><em> Id. <\/em>(traducci\u00f3n suplida).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref61\" name=\"_ftn61\">[61]<\/a> <em>Id.<\/em> en la p\u00e1g. 333.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref62\" name=\"_ftn62\">[62]<\/a> <em>Id.<\/em> en la p\u00e1g. 347.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Jos\u00e9 A. Molinelli Gonz\u00e1lez I. El Derecho Penal y la inimputabilidad por incapacidad mental en Puerto Rico El andamiaje sociopol\u00edtico de toda sociedad se fundamenta en la imposici\u00f3n de normas comportamentales a todos sus integrantes, seguida de la fiscalizaci\u00f3n de su cumplimiento por parte del Estado. 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