Mensaje de la Decana Interina, Dra. Érika Fontánez Torres en la Ceremonia de Reconocimientos y Logros de la Clase LEX 2026 el 17 de junio de 2026 en el Teatro de la UPR

Quédense

 Hay casa porque hay intemperie. Y la intemperie pide amparo.

Hay escuela porque hay mundo. Y el mundo pide atención.[1]

 

Son palabras del filósofo Josep María Esquirol, de uno de los libros más bellos que he leído en los últimos años. El libro se titula la Escuela del alma. Dice que hay escuela porque hay mundo y el mundo pide atención. ¡Y cuanta atención pide! Hay que darle atención a un mundo dolido, ahogado de cinismo, roto por las guerras de la avaricia, la competencia y el sinsentido.

Resulta inevitable pensar en qué clase de Escuela es la que puede llamarse escuela del alma y qué significa para una escuela como la nuestra darle atención al mundo.  Esta reflexión puede hacerse desde la singularidad o desde el junte de voluntades. Hoy, que nos unimos aquí, les invito a celebrar lo que aquí nos trasciende a cada una de nosotras. Y es que lo que celebramos es grande. Es el trecho nuestro, de ustedes, de sus familias, de nuestra institución universitaria, pero también de nuestros antepasados. Nosotros desde la universidad y ustedes desde la acogida, hemos recorrido un trecho para darle atención al mundo.

Hace tres o cuatro años en la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico les acogimos con el convencimiento de servirles como casa de amparo para su formación jurídica e intelectual. Sus familiares y amigos se unieron en esa encomienda de apoyo mutuo. Y ustedes aceptaron ser los protagonistas en la tarea de convertirse en quienes abogan por el mundo. Planificaron, gestaron y sostuvieron un camino que ha rendido frutos. Por supuesto, sus frutos se materializan en los grados que otorgaremos, pero quisiera pensar que hay algo más y que en ese junte entre universidad, el apoyo mutuo de sus familias y, por su puesto ustedes, creamos mundo en esta clave:

  1. Nos convocamos con tesón a tener un entrenamiento en la atención: no me refiero a una mera técnica, sino una manera de estar atento al mundo, con los demás y consigo. Brindarle atención al otro es, dice Simone Weil, uno de los actos de mayor belleza y amor en la condición humana.

¡Cuánta atención brindaron a otros ustedes en su día a día, a sus compañeros de clase, en el servicio probono, en la lectura meticulosa de los dramas más profundos de la vida humana con miras a traducirlos al derecho, en la atención a personas en busca de alivio en la Clínica de Asistencia Legal, en la mirada atenta a migrantes, a la niñez violentada de derechos, en la joven encarcelada con necesidad de representación luego de haber sido sentenciada a cientos de años, en quienes imploran mediación, en la escucha atenta y lúcida a las controversias jurídicas más acuciantes del país. Estar atentos al mundo es una de las propuestas más importantes para ser ciudadano dedicado a la abogacía.

  1. Nos propusimos fortalecer en ustedes la vocación de interpelar: interpelar es estar conscientes de que hay diferentes modos dirigir la mirada, la propia y la de otros. La abogacía debe comprometerse por una mirada atenta sobre todo allí donde hace falta voz. Les convocamos en estos años a dirigir la mirada allí donde nadie la ha posado, a detectar lo que no es tan evidente, a servir de interpeladores para otros.
  2. Les convocamos a leer, mucho, sí, pero no solo jurisprudencia. Toca leer, escribir y pensar como prefacio de hacer más mundo dice Esquirol en La Escuela del alma.[2] Y esa encomienda es uno de nuestros imperativos universitarios, como lugar en búsqueda de sentido. Aquí, en esta universidad, acontece no solo un lugar con paredes, acontecen muchas posibilidades de hacer lecturas múltiples de la vida. Por eso defendemos la Universidad como lugar, como “enclave…donde ocurre algo que se diferencia del entorno, y que tiene sentido.”[3]
  3. Intentamos facilitarles la posibilidad de generar vida en un acto radical de emancipación. No digo que lo hicimos siempre, pero apostamos a interpelarnos e interpelar a otros a vivir generando, y no degenerando los entornos. Al menos lo intentamos. Por eso les invito a que más allá de este umbral universitario, continúen en la faena de, en palabras de Esquirol, “ser obreros del mundo”, es decir, crear más mundo en el mundo, “ser obreros de vida” y ser capaces de intensificarla, “ser obreras de fraternidad”, fortalecer y crear más vínculos, y, finalmente, ser obreros y obreras “de sentido”, ser capaces de encontrar y crear sentido.[4]
  4. Les convocamos, sobre todo, a cultivar la no indiferencia-A día a día combatir el cinismo y el nihilismo y sentirse interpelados a la reflexión en lugar de a la maquinación. A optar por el pensamiento en lugar de la estrecha mirada calculadora.

Intentamos señalarles la importancia de asumir una responsabilidad radical por lo que nos concierne como humanos.

En fin, estas y tantas otras interpelaciones fueron intentos no solamente de que se convirtieran en profesionales del derecho de excelencia, ¡esas es la parte fácil!, sino en ciudadanos abogados dignos. Pienso que, en estos años, en nuestra pequeña escuela del alma, hemos sido testigos de la gesta de cada una de ustedes en estos renglones.

Hoy veremos esto claramente en cada llamada al proscenio, en cada aplauso, en cada gesta celebrada, en cada uno de sus nombres según sean llamados. Hoy, desde la Escuela de Derecho y el Teatro de la UPR, le decimos al país que hemos formado cientos de ciudadanos de rigor y excelencia en el empeño de abogar, esto es, el arte de interceder, defender, proteger, mediar. No es poca cosa. Como ciudadanos-abogados asumen la responsabilidad de auxiliar y de traducir al lenguaje del derecho los dramas de la vida humana. Es un gran encargo, pero también una maravillosa oportunidad. Por eso, al celebrarles en su singularidad, también nos celebramos a nosotros como UPR.

Ustedes encarnan nuestro propósito como institución pública, que es lo mismo que decir, ustedes encarnan nuestro compromiso firme con el país. Hoy al ver sus logros, reafirmamos nuestro compromiso de ser la casa de amparo de ciudadanos y ciudadanas comprometidas con los derechos, abrazados al país y encaminados a saciar la sed de justicia.

Suele acontecer que después de una graduación alguien dice: “Ahora que te gradúas es que vas a saber lo que es el mundo de verdad. Ahora te vas a comer a los niños crudos y el mundo es tuyo”. ¡Que noción tan empobrecida del mundo! Me gustaría pensar que la interpelación hoy, aquí, es distinta: Ahora toca hacer mejor mundo, generar vida, no degenerar la que hay. Por eso, paradójicamente les invito a quedarse.

Hace unas semanas me encontré a Karlos con K en un pasillo de la Escuela (Karlos con K es uno de nuestros estudiantes destacados que, ante la realidad de tener a varios “Carlos” a la vez en mi aula y el hecho de que este era el único escrito con K, decidí nombrar en su primer año Karlos con K y así se quedó nombrado para siempre). Decía que me lo encontré en el pasillo y ante el desamparo de saber que pronto se graduaría y que no lo vería más por allí, le dije: “Quédate, no te vayas”, queriendo decir, no nos abandones (no nos abandones en esta faena). Karlos con K hizo una pausa, creo que se subsumió en breves segundos de intemperie y luego a modo de broma me dijo: “¡Si usted no me pone la nota del minicurso me tendré que quedar…!”. Sonreímos.

No es la primera vez en más de dos décadas en que cerca de mayo suelo encontrarme a futuros graduandos y les digo: “No te vayas, quédate”. ¿Y qué exactamente es lo que se quiere decir con esa invitación a quedarse? Quedar es permanecer, estar, arraigarse en algo.

Quédense con las interpelaciones que he reseñado. Al cruzar este umbral universitario, les convoco a que sean obreros y obreras de la fraternidad, abracen una ternura radical, sientan allí donde haga falta sentir y piensen con detenimiento allí donde más presión por la prisa y la irreflexión les impongan. En otras palabras, crucen el umbral, sí, pero quedándose.

Quédense siempre en el abrazo cotidiano a sus compañeros, en las lágrimas solidarias de sus amigos de la revista jurídica, en la resistencia a la competencia deshumanizante, en la apuesta por la solidaridad, en la mirada que intenta buscar remedios para ofrecer amparo, en el convencimiento de no ejercer meramente una abogacía que se dedique a mercantilizar los problemas de otros. Quédense en la defensa de esta amada Universidad que tanto nos da.

Quédense ahí, fuertes, firmes en aquello que nos da sentido por vivir.   Quédense en esa apuesta por darle al mundo más mundo, menos avaricia, más vida; de proveerle a la intemperie amparo. Abracen el mundo tal cual y desde lo jurídico sean creadores y generadores de justicia y no degeneradores de la hondura de la vida.

17 de junio de 2026

 

[1] Josep María Esquirol, La escuela del alma (Acantilado, 2024), 7.

[2] Esquirol, La escuela del alma, 99-101.

[3] Esquirol, La escuela del alma, 20. (énfasis suplido).

[4] Esquirol, La escuela del alma, 15.

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