Autor: Abner Ortiz Inchausty | Resulta necesario resaltar que Puerto Rico cuenta con una cultura de fiesta y consumo de bebidas alcohólicas. No es de extrañar que al menos gran parte de las personas que conducen en el país hayan manejado un vehículo de motor por encima de los porcentajes de alcohol permitidos en la sangre. Entre buena suerte, la protección de lo divino y la ausencia de un policía patrullando cerca de ellos mientras cometen el delito, son muchos los que llegan bien a sus hogares sin causarles daño a otros. La misma suerte no la han tenido otros pocos que, conduciendo bajo los efectos del alcohol, han causado accidentes que provocaron la muerte a terceros y, en algunos casos, la suya propia.